domingo, 5 de febrero de 2012

LAS CLASES MEDIAS HACEN TURISMO


Quizá hablar de “clases medias” para principios del siglo XX es un poco arriesgado cuando todavía nos hayamos ante una sociedad profundamente rural (70% de la población pertenece al mundo rural) y donde la pobreza sigue siendo un mal inherente y de no rápida solución, pero si es verdad que a comienzos de siglo comienza en el mundo urbano a aparecer una nueva clase social, desvinculada de la alta sociedad, que tiene inquietudes, una mejor formación, más posibilidades económicas… Y se pone de moda el interés por viajar y por conocer otros lugares como una forma de mejorar la formación. Se empieza a engendrar lo que conocemos como “VIAJE CULTURAL”.
Un ejemplo es la Guía de París y sus cercanías, editada en 1896 por la librería editorial Bailly-Bailliére e Hijos, de Madrid. Es un manual para españoles que viajan a la capital francesa y tuvo tanto éxito que rápidamente se sucedieron diferentes ediciones. El historiador Angel Bahamonde nos cuenta que la Guía va dirigida a un público amplio, por ejemplo, hay un organización de restaurantes en función del precio, poniendo el nombre de lugares donde se puede comer estupendamente por 1 ó 2 francos. Si estuviéramos ante otro tipo de público, el precio no tendría importancia, porque los pudientes viajaban sin preocuparse por esas pequeñeces.
Este tipo de viaje cultural nada tiene que ver con el que practicaba la alta aristocracia, que viaja para completar su formación pero pasando estancias de varios meses en otros lugares, o bien viajaba en balnearios o centros concretos para darse a conocer o bien realizaba otra serie de viajes, que entroncan con hechos de carácter caballeresco, como era irse de cacería a África. 

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