PIRATAS
Y CORSARIOS
La
piratería es tan antigua como la propia navegación, tanto en Grecia
como en Roma tenemos constancia de la existencia de piratas y no
debemos olvidar que durante la Edad Media los piratas berberiscos
dominaban el Mediterráneo de tal forma que los españoles se las
veían y deseaban por buscar una nueva ruta a través de la cual
llegar a las Indias... y a partir de ahí Colón llegó a América.
El
siglo de oro de la piratería fue a raíz de la conquista de América,
que como ya hemos explicado en otro programa, a partir del tratado de
Tordesillas solo tenían acceso a la tierra americana, España y
Portugal. Debido a la gran cantidad de tesoros acumulados en América,
en un primer momento, los españoles trataron de ocultar lo que
estaban ganando pero los franceses lograron capturar parte del tesoro
de Monctezuma a manos del pirata francés Juan Florín y a partir de
ahí se propagaron tanto los ataques piratas que el cabo de San
Vicente, ruta obligada de regreso a Europa, le llamaron los marineros
Cabo de las Sorpresas.

Para
defenderse de los piratas los españoles empezaron a usar en sus
travesías a Europa los famosos galeones
, que
realmente eran enormes embarcaciones con artillería pesada y que
eran mucho más mortíferas o fácil de defender que las nao
o carabelas.
Felipe
II optó
para las defensas de las naves por la formación de convoyes en los
que las carabelas y
las naos eran
escoltadas por los poderosos galeones y carracas,
llamado Sistema
de flotas y galeones.
Las carracas eran realmente barcos de carga, los que contaban con
mayor capacidad en su tiempo. Este sistema constituyó un gran éxito
si nos atenemos a que en doscientos años de historia solo dos Flotas
de Indias fueron atrapadas. Este sistema de transporte se fletaba dos
veces al año y trajo consecuencias importantes para el comercio
americano: desarrollo de las manofacturas, encarecimiento del precio
de los productos, desabastecimiento de productos... hechos muy
importantes a la hora de la independencia americana.
Otra
figura importante, vigente desde el siglo XVI es el corsario inglés,
un método por el cual los gobernantes británicos
institucionalizaron la piratería. En Inglaterra el rey otorgaba la
conocida como “patente de corso”, por la cual en tiempos de
guerra, ciertos personajes tenían autoridad para saquear y abordar
barcos e incluso atacar enclaves hispánicos de la América Española.
Sería Enrique VIII el primero en otorgar “patentes de corso” e
Isabel I, las daría a cambio de recibir parte del botín. Los
simples piratas actuaban como soldados de la corona británica y los
trataban como verdaderos héroes a su regreso a Inglaterra.
Uno
de los piratas más famosos y ejemplo del corso inglés era Henry
Morgan que supuso el martirio de españoles durante el S. XVII. Puso
su base de operaciones en Jamaica, tras la conquista de esta por
parte de los ingleses. Cerca de allí, en la isla de Tortuga, tenía
su base de operaciones los piratas de la época, pero Morgan
consiguió ponerlos todos bajo su mando en Port Royal (Jamaica),
definida como la ciudad más rica y corrupta del mundo en esa época,
llena de forajidos, bucaneros, aventureros... Los corsarios se
enfrentaban a soldados españoles que tenían unas normas de
actuación más “éticas” que los propios piratas, por eso,
siempre tenían las de ganar antes los soldados españoles. Por
ejemplo, se dice que en algunas de sus conquistas usaba mujeres,
monjes, niños como escudos humanos, algo a lo que los soldados
españoles no se atrevían a disparar por estar lejos de la ética
castrense de la época. Además Morgan era muy efectivo como líder y
logró reunir hasta 900 piratas en sus correrías. Tomaron con éxito
ciudades como Portobelo, Maracaibo o una de las joyas de la corona
española, Panamá. Al final de sus días, Henry Morgan fue juzgado
por pirata en Inglaterra, donde fue absuelto, declarado sir
y volvió a Jamaica como gobernador, pasando el resto de sus días
persiguiendo la piratería. Hay que tener en cuenta que mientras para
los españoles los corsarios eran simples piratas, para los ingleses
eran héroes.
Uno
de los momentos clave del final romántico de la piratería fue
cuando España pierde frente a Inglaterra sus naves de la Armada
Invencible, esto hace que el rey
Español, Felipe II, recaude un impuesto especial, los
millones, muy costoso para la
sociedad española de la época puesto que gravaba los productos
alimentarios básicos, pero que consiguió frenar los ataques de
piratas debido al importante gasto en fortificaciones y en nuevos
navíos.